Sobre escribir libros o crear arte

TRINIDAD: Una explicación no pedida

Xocoyotzin Vázquez | 2020

El mar no deja de aparecer en la mente. Los horizontes sempiternos cargados de promesas y algunos anhelos satinados. Tal vez, en una existencia meteórica, los destellos incandescentes parecen ser la garantía de experiencia emocionante, de sobrecogimiento absoluto; la brevedad e intensidad necesarias para no añorar más.

Quiero escribir un par de libros. Varios más en realidad; aunque su ejecución se me resiste. Han pasado varios años aparcados, coleccionando telarañas mentales, cerca del olvido.

Tal vez la contemplación de la eternidad inasible es abrumadora; pensar en lo irrelevante de más escritos ignorados. Saber que ni las cenizas de Dostoyevski o de Mandela habrán importado en cierto punto del infinito puede hacer mella en toda lucha. O quizá son tan sólo los miedos de lo efímero.

Xocoyotzin Vázquez | 2020

Un libro quiero escribir, con esos resquicios de palabras de sentido esquivo; quizá un tanto críptico. Algunas divagaciones desde las entrañas del subsuelo; arrebatos vehementes de palabras ocultas a un código específico. Me da por entenderles como disociaciones.

Quizá son, en realidad, marañas de la psique intranquila, de la parte consciente cediendo el control –ante el cansancio o impotencia– a todas las agonías subterraneas de la voluntad.

Posiblemente, cuando uno lo piensa, esos fragmentos de texto no son otra cosa más que otro intento (desde caminos diferentes) de escritura automática. Permitirle a la mente invocar palabras y objetos mentales sin digerirlos, sin limpiarlos si quiera, sin lógica aparente o un control estricto (tan sólo usar un idioma como medio de emociones sin procesar; una pretensión rebuscada de arte abstracto conceptual, así de pretensión).

En algún otro momento lo he dicho, me daría muchas vergüenza llamarles poemas, sobre todo por lo que esto significa en mi cabeza –una cursilería y pretensión aún mayor que el arte conceptual en la realidad contemporanea (quizá antes no lo fue y hoy en día no sólo es eso, pero así se ha construido en mi consciencia)–. Por otro lado, son quizá la única posibilidad cercana de darles nombre comprensible.

Xocoyotzin Vázquez | 2020

Otro libro que imagino escribir es una colección de relatos "abstractos" –a falta de una mejor palabra–. Descripción y sucesiones, marcos referenciales reconocibles; sin la necesidad de "personajes" u objetos a los que especificar o ceñirse. Una novela sin personajes, por ejemplo, u otros cuentos sin formas definidas.

Simplemente algunas alusiones al tiempo, su devenir y la "abstracción" de la consciencia en el ir y venir de las facultades del recuerdo, el ahora que se escapa a cada instante y la suposición de otros ahoras. Las posibilidades del tiempo, ajeno a las personas o las cosas.

Aunque hay otra versión de narración que aparece igualmente atractiva: se puede retomar la presencia de elementos referenciales o apelativos, con la idea de abordar, o solventar, esa necesidad primaria de lo figurativo; referencias inteligibles a lo consciente con medios cotidianos o consensados sin enteramente impedir el movimiento y mutabilidad de la experiencia.

Me explico: permitir que esos objetos o personajes incidentales se involucren en escenarios a priorí fuera de la experiencia propia; navegan en una realidad a penas accesible, construida con sus propias lógicas. Digamos, pues, una no-realidad alternativa que no se detiene a expicarse a sí misma, que se asume sin sorpresas, navegando en el entendido de que esa, su lógica y realidad, es la normalidad y por tanto no requiere explicarse.

Los momentos y sucesos ocurren porque son posibles. Tener una alternativa imaginada como una posibilidad que está aconteciendo. Esos laberintos, todos con espejos paralelos y caminos sin fin.

Xocoyotzin Vázquez | 2019


Hacer uso del lenguaje, de un idioma compartido con otros, para inducir un estado de experiencia estética; las posibilidades del infinito manifestándose a la mente. Acceder desde medios cognoscitivos a puentes emocionales e irracionales que permiten ser y estar en un momento que sobre coge las percepciones y los procesos epistémicos, momento estético intelectual de arrebato.

Pero bueno, todo esto son meras especulaciones, algunas intenciones dudosas. Remolinos de una mente no muy disciplinada o carente de nubes y tormentas; mucha carencia de técnica o conocimientos prácticos o concretos para materializar ciertas ideas. Algún contador agobiado por la repetición infinita y sosa de la cotidianidad, que ni si quiera en su infancia tuvo cursos o acercamiento alguno de pintura, sueña con pintar una obra más grande, deslumbrante, importante y lograda que algún fresco italiano renacentista. Alguien, en algún lugar olvidado del mundo, que jamás ha sabido de la historia occidental del arte y pretende esculpir una pietá sin saber que ya existe. Un Pierre de Menard pretencioso cualquiera pero sin los conocimientos literarios, sin si quiera saber escribir.

Xocoyotzin Vázquez | 2018

Quizá Borges siempre tuvo razón y sólo basta con esbozar una idea grandilocuente sin necesidad de acabarse la vida en su realización. [No logro recordar dónde o cuándo lo dijo] Al final de cuentas, el arte ejerce como medio entre conceptos que altera individuos (desde la creación hasta la percepción) con alguna ilusión de experiencia vehemente, estética, aunque sólo sea por medio de una insinuación de posibilidades. No lo sé. Realmente no estoy seguro casi de nada.

Es muy probable que si se obtiene un envión estético a causa de una idea, sin realmente materializarla, entonces sí que se ha conseguido el objetivo de un anhelo.



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