Entradas

HABLAR DE ARTE (I): ¿LÍMITES?

Imagen
Quizá hemos desgastado algunas palabras, como zapatos viejos.   La trahison des images  (Magritte, 1929) Se ha declarado la muerte del arte tantas veces que se antoja inútil pretender delinearle como algo que vive o no. Quizá lo que se declara en cada momento es, en realidad, la sensación de dejar atrás, de alguna forma superado, el concepto prevaleciente de lo que se entiende por arte, o lo artístico, hasta ese entonces particular. De algún modo se gana poco con decir esto es arte y aquello no si no hay quien tome en serio lo dicho. The matter of Time (Richard Serra, 2005) | Foto propia Ahora bien, si nos situamos en la lógica del absurdo existencialista, en realidad toda tarea es esencialmente intrascendente para la eternidad; y sin embargo importa que nos importen las naderías, toda vez que ayudan a abrazar la existencia o rechazarla, sortear una angustia que se percibe inherente a la consciencia (habrá que regresar a esto más tarde). Así, lo artístico –y sus límites– como expresión

Sobre escribir libros o crear arte

Imagen
TRINIDAD: Una explicación no pedida Xocoyotzin Vázquez | 2020 El mar no deja de aparecer en la mente. Los horizontes sempiternos cargados de promesas y algunos anhelos satinados. Tal vez, en una existencia meteórica, los destellos incandescentes parecen ser la garantía de experiencia emocionante, de sobrecogimiento absoluto; la brevedad e intensidad necesarias para no añorar más. Quiero escribir un par de libros. Varios más en realidad; aunque su ejecución se me resiste. Han pasado varios años aparcados, coleccionando telarañas mentales, cerca del olvido. Tal vez la contemplación de la eternidad inasible es abrumadora; pensar en lo irrelevante de más escritos ignorados. Saber que ni las cenizas de Dostoyevski o de Mandela habrán importado en cierto punto del infinito puede hacer mella en toda lucha. O quizá son tan sólo los miedos de lo efímero. Xocoyotzin Vázquez | 2020 Un libro quiero escribir, con esos resquicios de palabras de sentido esquivo; quizá un t

Los libros que han cambiado mi vida

Imagen
Un proceso muy interesante de revisión de uno mismo es la evaluación de los momentos significativos, visibles a la consciencia, que han ido moldeando ciertas posturas y visiones generales de la realidad dada que habitamos y la existencia en sí misma. Un pequeño ejercicio dentro de esa visión, muy accesible a cualquier lector, es el de discernir libros u obras particulares que más han contribuido a esos momentos significativos que producen cambios o refuerzan aspectos de la consciencia. Con el afán de hacer éste ejercicio e inspeccionar momentos de vida íntimos, me embarqué a hacer mi lista (la cual escribí y compartí aquí ). Vista de Biblioteca central de C.U. (UNAM), desde la Facultad de Arquitectura. A modo de recomendación, y enunciado de posturas y posiciones literarias –enfatizando la diferencia entre los libros que más me han cambiado y los que "más disfruto" (amenos)–, aquí está la lista en el formato más breve: Libros que más me han influido (cambi

DORMIR Y NO SOÑAR

Imagen
ALGUNAS NOTAS SUELTAS 250819 Están esas noches sin sueños. Dormir sin consciencia. De nada. Estar al pasar el tiempo sin alarma, como en una tarde lánguida que parece haber durado cien años. Por supuesto que pienso en Borges: aquellos que han hecho morir 1001 años, y al volver estiman una siesta de unas horas, quizá de un día. Quizá . Quizá el cuento lo recuerdo de otra forma, no como lo habría escrito Luis. Pero hay noches en que no se sueña nada. « La ofrenda » (1913) | Saturnino Herrán | MUNAL, INBA. Se apelmazan las ansias de una consciencia eterna. La angustia de una abeja atrapada por sí misma en una lampara, como si te mirara  el infinito a la distancia. Quizá tan sólo estaremos en ese dormir sin sueño por un tiempo intrascendente... el suficiente para que se acabe ese infinito sin que nos demos cuenta. Es quizá el miedo. Producto de un pensar. En una cosa que no nos pertenece. Es a penas un murmullo, un muy común instante que se evapora donde aparece esa i

Ensayo 01.04.19 Arte, necesidad o necesario

Hay un dilema fundamental respecto a la experiencia estético-artística: ¿Necesitamos del Arte para poder ser? La primera apariencia es que lo artístico es inherente a lo humano: siempre ha estado presente, ha encontrado manisfestaciones como experiencia y representación aún antes de que se acuñasen los términos de "Ars" o "tekné" –vocablos eminentemente del imaginario euro-occidental–, y aún como paralelismos a la idea consensada o dominante, apreciables en distintas geografías y concepciones cosmogónicas. Obviando la necesidad de evaluación e historiografía semántica de lo que entendemos por Arte contemporaneamente y sus anacronismos aplicados a tiempos anteriores, resulta interesante aventurar un quid-razón de ser unificador: un puente conceptual para todas esas manifestaciones estético-artísticas. Ahí yace, pues, la cuestión entre un impulso irresistible individual por crear y comunicar, o un componente inalienable y constitutivo de una esencia. Si bien podría

TRINIDAD & MUROS

Imagen
Habrá que invocar a los teólogos; la sustancia de una idea en tres cuerpos. Identidades en la ontología platónica de  el verbo . Mero recurso para garabatear lo sempiterno, igualmente absurdo –tan absurdo– como el recipiente de la idea. La vehemencia visceral del inconsciente representa aún más una posible voluntad que las horas de procesar y refinar el crudo de lo que acontece al ser en su infinita complejidad sistémica; en sus diversas dimensiones, en su inagotable estructuración interna, externa y total. Esto con la justificación de tomar algún objeto de interés, necesario para sortear la tentación del blanco (o negro, para lo que se puede ser agorero o profeta). Se empieza a leer de abajo hacia arriba (1/2) Obviar faltas de ortografía (2/2) Estoy convencido de que el lenguaje juega un papel fundamental en la forma de procesar ideas –e incluso el idioma/lengua madre en los rasgos particulares de asociación y construcción de las mismas. Donde el intangible de

Miradas resentidas (o Sistema de Transporte Colectivo Metropolitano)

Imagen
 El rencor efervescente, aislado en cuerpos comprimidos que buscan el olvido de sí mismos, del momento, la evasion de los sentidos como civismo; latente a detonar con fuerza desmedida, en onda expansiva, replicable, una reacción en cadena. Multitud, individuo y metro. Fotografía de Alejandro Breck  Las miradas vacías, resentidas, ausentes. Las miradas del metro. Ansiosas de un momento de revancha, desquitarse, con quien sea, del dolor y padecimiento que cargan; ese retratado en un viaje obligado en compañía de muchas otras miradas penitentes, extrañas, ajenas, ¿muertas?... y tantas otras que se aproximan en mareas de carne trastocada, transgredida y transgresora.   Deseosas de una venganza irracional contra un objeto que puedan reducir, que puedan insultar, con el que puedan ser descorteses, todo para cambiar, exudar, toda esa frustración deshumanizante que se vive y absorbe compartiendo el espacio personal, la salud mental, la higiene individual, porque «no hay de otra

Ficción romántica

Imagen
El romanticismo es una corriente literaria y artística de la segunda mitad del siglo XIX; centrada completamente en la revolución y antítesis del neoclasicismo y sus formas, siendo su principal propuesta y característica el estado individual y los sentimientos y emociones en las obras. Entendido como una extensión del momento mismo vivido en ese siglo, cada lugar entendía e interpretaba a su manera lo romántico, pero siempre bajo la idea de un ser individual que se enfrenta al mundo en una búsqueda incesante de los imposibles, entregándose los autores a las ansias de una verdadera libertad en el mundo que vivían. La libertad guiando al Pueblo En lo personal, disfruto esas ficciones románticas, del héroe que se enfrenta a la adversidad en base a lo que él mismo anhela y entiende como su fuero ético y moral... pero no siempre disfruto más cuando todo termina en tragedia: gusto culposo, me gusta cuando el bueno gana, cuando el héroe es un hombre de bien que trata de salvar

Escribir es como follar

Imagen
The Kiss, Auguste Rodin - Musee Rodin Escribir es como follar: cada quién tiene su estilo, todos lo prefieren de alguna forma, hay quien lo goza y lo hace asiduamente. Hay quienes jamás lo han hecho. Hay quienes lo hacen extraordinariamente bien y quienes no tienen ni puta idea. Existen quienes les gusta alardear sobre ello, hacerlo en público o pretender que lo hacen. Quienes buscan desahogarse o mera lujuria.  Sí, es como tener sexo. Una actividad íntima y personal que cada uno que la práctica elige cómo hacerla. Con violencia, con pasión, con ternura, con desdén, con delicadeza, con locura. Una actividad que yo prefiero hacer en privado, con la luz prendida, acariciando las teclas o pasando mi lápiz o mi pluma dejando una huella en el papel; casi siempre con la ilusión de que sea algo interesante, placentero, trascendente.